domingo, 18 de enero de 2009

LAS DIOSAS NO SABEN SONREIR (Capitulo VIII - El Amor)

Como una bala Jesús sacó sus llaves del coche y corrió a abrir las puertezuelas. Tras él echó a andar la bella desconocida y luego les seguí yo. El morbo me hizo contemplarla más detenidamente de espaldas. Por detrás se la veía tan bonita como por el resto de sus ángulos. Sé que es absurdo pero, secretamente escudriñé cada rincón de su anatomía por ver si la descubría algo parecido a una tapadera de caja o algo así. Lo gracioso podría ser si me encontraba con alguna inscripción “Made in Japan”.

- Escritor, ¿Por qué no empleas tu humor en cosas mejores?.

Esta vez si que me pude quedar helado. Y si no reacciono a tiempo, el taxista arranca con su suave costumbre y me arrastra por tierra, agarrado a mi portezuela.

- ¿Tienes el don de la telepatía?.

- No quieras saber demasiado.

Y me regaló una sonrisa. ¡Madre mía!, era la primera vez que la vi sonreírse. Y me había sonreído a mí. Abandonó por un instante su gélido semblante para sonreírme a mí.

- Venga ya, Theo, decidme de qué va el chiste.

Jesús se había molestado, o, ¿Parecían celos?. Yo estaba sentado delante, a su lado, y la chica iba sola en el asiento posterior.

- No es nada, Jesús, si lo comparas con el global de lo que está ocurriéndonos últimamente. Nos ha resultado que podemos comunicarnos con ella por el pensamiento.

- Algo de eso ya he notado yo antes. ¿Puedes realmente leernos el pensamiento?.

- Hace un rato te diste cuenta de que no has ido a por ese neumático que dejaste arreglando en el taller.

- ¡Asombroso!, es cierto, me acordé antes del puñetero neumático. Chica eres un fenómeno.

- Y además es bonita, ¿Verdad?.

- Estoy muy contento, Theo. Ayer mismo me deshacía en penas por esta mujer y ya empezaba a dudar de mi mismo y de los rumores. Y ahora, aquí estoy, llevo toda la mañana en su compañía y me gusta, me gusta, que carajo, Theo, estoy feliz.

Al volverme a mirar al asiento de ella tuve que borrar mi sonrisa. Ella le estaba mirando a Jesús y su bonito rostro reflejaba pena y amargura. No quise comentar nada, que extraño fenómeno.

- Ya estamos llegando.

Y como suele suceder en las ciudades pequeñas, el trayecto era corto y no daba para más. Entramos con el Taxi hasta la rampa principal y Jesús aparcó en un reservado cerca de la entrada.

- Ahora podéis marcharos.

- Ni hablar, aquí te esperamos preciosa. Ya te dije esta mañana que hoy voy a ser tu sombra hasta que no averigüe algo más sobre ti y no acepto tus negativas.

- Jesús, deberías dejarla que...

- Bien, tu lo has querido. Espérame aquí que no tardo nada.

Y acto seguido se bajó del coche y la vimos entrar, como dos tontos, por la puerta del Hospital.

- Theo, has estado a punto de estropearme el plan. ¿Qué te propones?, ¿Quedártela para ti solito?. Es mía, comprendes lo que te digo, la conoces gracias a mí y no voy a consentir que me la quites. Amigos o no quédate con mi maldito Diario, ya no me hace falta para nada. Ni tú tampoco, quédate al margen de esto.

- Mira Jesús, razona un poco. A mi me gusta también la chica, caramba. Pero no te enfades tanto, olvida tus celos y escucha, escúchame primero un rato. Esta mujer es muy extraña, bastante. ¿No has notado algo raro en ella cuando entraba ahí, en el edificio?.

- ¿Y que tenía que notar?, la he observado ya muy detenidamente y he notado lo que ya sabía yo desde un principio, que está buenísima, imponente.

- Ahí es donde quiero ir a parar. Este monumento de mujer, capaz de dejar las braguetas masculinas en pié de guerra allí por donde pasa, acaba de cruzar esa puerta. Antes de entrar ha visto un señor de mediana edad, dos enfermeros de esa Ambulancia, un jubilado y al celador de la puerta.

- ¿Si?, y qué.

- Pues bien, todos ellos la han mirado y la han ignorado. Vamos, que yo me cruzo con un bombón así y me notan todos la cara de tonto que pongo al verla.

- ¿Y ellos la han ignorado?. ¿Por qué?.

- Jesús, antes me decías del miedo, del terror que te producía esa chica. Yo también tengo es misma sensación a su lado.

- ¿De ahí provienen esas preguntas tontas en tu portal?.

- Es parte de eso, de mis sospechas. Y cada vez tengo más sospechas. Y estas me sugieren una teoría.

- Explícamelo, me gustan las novelas esas que escriben de misterio.

- Jesús, creo que cada hombre la mira de la forma que ella quiere que la vean. Dicho en otras palabras. Yo soy muy detallista y debido a ese, llamémoslo don, escribo mis libros. Veamos pues uno de los detalles. ¿Por qué en tu Diario la describes físicamente como a una mujer rubia?.

- Anda, mira este. Porque salta a la vista que tiene unos cabellos rubio platino de estrella de cine.

- Jesús, apúntame un tanto. Si llego a diez puntos prométeme que nos largamos corriendo de aquí. Mira, para mi, para que te enteres, tiene una preciosa melena negra de ébano. Y sus ojos son dos preciosos dardos de color gris acero.

- Son azules, Theo, azules como el cielo de una hermosa tarde de verano.

- Apúntame otro tanto. Y van dos. Voy a por el tercero. Su tez es morena, casi de gitana, pero muy brillante.

- Su tez es blanca, algo sonrosada, con unas graciosas pecas diminutas a ambos lados de su nariz y su cara parece fruta madura de melocotón.

- Ya me apuntas cinco y voy por la mitad. No tiene pecas, tan solo un gracioso lunar diminuto cerca de su boca. Y en cuanto a su cara, no tiene melocotón, pero está igual de rica. ¿Te rindes?.

- Entonces, según tu teoría, mismamente esos la habrán visto como a una anciana, quizás.

- Exacto, Jesús, has dado en el clavo.

- ¿Y quién es ella?. En tu portal la hiciste ciertas preguntas... ¡Claro!, piensas que es una marciana.

- Tu ríete, pero la situación puede resultar tan grave como ella mismo dice. No se por qué me salieron esas preguntas. Ahora estoy convencido de que esa chica es de la estratosfera para abajo.

- Una Diosa, una vidente, una bruja. Algo de eso me comentabas ayer en el Taxi. Si, me preguntabas que te parecía que me hubiese enamorado de una Diosa. ¿Puede ser eso, una Diosa?.

- No. Tiene cuerpo de Diosa, pero no creo que lo sea. Ni bruja, ni vidente.

- Entonces, ¿Qué nos queda, lo sobrenatural?, ¿Un espíritu burlón o algo así parecido?.

- No, tampoco creo eso. Y no te rías que esto va muy en serio.

- ¿Sabes lo que te digo?, que mires, allí viene otra vez. Ahora, Theo, vas a ser bueno y nos vas a decir que tienes que hacer una visita a un amigo enfermo y te bajas del coche, te excusas y hasta pronto, nos dejas a ella y a mi solitos. Ya te contaré a qué sabe su melocotón de Diosa.

- De acuerdo, señor grosero. Tu sabrás lo que haces y ya me contarás, pues claro que me lo tienes que contar. No olvides que me dejaste tu Diario, tengo una historia para un libro, pero me debes un final que no tengo, para el libro, me lo debes, engreído. Y por si acaso estábamos equivocados, me debes al menos el favor de ser tu padrino de boda.

- ¿El padrino?, ¿Qué coño de padrino?.

- Si, porque es el segundo en besar a la novia después del novio.

- ¿Sí?, pues acuérdate, escritorcillo de mierda, que en nuestro sueño tu te llevabas la peor parte.

Ese comentario suyo pareció volvernos a la realidad. Nos quedamos observándonos en silencio. Ninguno dijo nada, las pruebas de que algo raro nos pasaba eran irrefutables. Unos segundos después ella llegó, abrió la puerta del coche y se sentó, pero no llegó a decir nada. Jesús y yo nos volvimos a mirarla y ambos comprobamos que su semblante era triste.

- Chicos, no me gusta mi trabajo. Vámonos.

- Ahora mismo nos vamos.

- Espera Jesús, me parece que yo me quedo, he de hacer una visita importante.

Ninguno dijo nada, pero pude ver en el taxista algo parecido a una súplica en su rostro. Realmente en su interior él no deseaba que yo me fuese. Me bajé del Taxi, cerré la puerta y les vi marchar. Ella me contempló durante unos instantes a través de la ventanilla trasera. Se despedía de mi con la mirada. Al rato comenzó a llover. Miré el reloj y vi que era tarde para comer y mi estómago protestaba. Decidí entrar en algún Bar y picar de algo sólido que me sirviera como de comida y merienda. Pero los únicos que vi por esa zona estaban sirviendo ya el café y la copa a sus clientes y de comer no tenían ya nada por la barra. Pedí un café, por todo alimento, en uno de ellos.

Mis pensamientos divagaron y por un largo rato me desconecté del mundo de alrededor. Allí estaba yo, sentado solo, reflexionando sobre todo lo sucedido anteriormente durante poco mas de 24 horas, contemplando el sucio despojo de una taza vacía de café. Entonces empecé a valorarme, era mi yo cuerpo en discordia con mi yo razón. Descubrí que seguía enamorado de esa endiablada mujer. Analicé profundamente mi existencia, mi vida. Estaba en paz con mi trabajo, tan solo debía un libro a mi Editor, nada mas. Suelo regalar cariño, pero ahora ni me lo deben, ni lo debo, ni tengo a quién regalarlo. Vivo en casa acompañado de mucha gente, pero estoy solo. Tengo demasiados amigos, pero sigo solo. Dejo mi solitaria huella allí por donde paso y tengo la mala costumbre de mirar mas hacia atrás que hacia delante. Quizás porque dejo un camino con luz y ante mi solo diviso la entrada de un oscuro túnel. No se lo que hay al otro lado, ni tan siquiera lo intuyo. No hago planes para ese futuro. A mi edad se que puedo llegar perfectamente al año 2000 en la plenitud de mi vida y sin embargo aún se me antoja una fecha de Ciencia Ficción. Quizás mi obra póstuma e importante sea, tan solo, un epitafio sobre mi tumba.


Al final decidí salir a la lluvia porque mi cabeza ya se estaba llenando de imágenes de mi funeral. Caminé largo rato y me mojé bastante. De pronto, sin saber donde me encontraba, empezó a darme la sensación de que ese momento ya lo había vivido una vez en mi vida o en sueños. Recordaba cada detalle, la calle, la acera, la lluvia, pero no la tarde. Giré sobre mis talones buscando un local o portal de referencia y contemplé extasiado una fachada que no me era desconocida. Inmediatamente reconocí la Iglesia y la escena. Tan solo faltaba el Taxi de Jesús a la puerta. Igual que un autómata me encaminé a la puerta principal y penetré en su interior. La misma nave, el mismo olor, el mismo viejo cura. Y al fondo, sobre el altar, la misma imagen que me contemplaba. Me acerqué observándola detenidamente, con una corazonada en mi pecho. Pero no era ella. La imagen era muy hermosa, si, pero no era mi bella desconocida, ni sus ojos. Me senté frente a ella y el viejo cura me observó. Debí resultarle conocido porque no me dijo nada y se fue a su sacristía envuelto en el mismo eco de bisagras

4 comentarios:

Mi miembro dijo...

Me ha gustado mucho perderme por la frescura de tu blog no me quedo mas remedio que leer asta los comentarios que te han dejado. recibe un cordial saludo.

BIGARIATO dijo...

Gracias por tu comentario... porque esto hace que yo siga escribiendo aqui con más ganas... porque veo que no escribo al vacío de la red... que hay gente que lee... Un saludo.

Amie dijo...

Delicioso el blog !!! Voy a perderme un ratito leyendo los anteriores textos .
No escribes al vacio de la red , tus textos lo impidiram , eso te lo aseguro ;)
un beso saboreado con un dilce pecado

BIGARIATO dijo...

Gracias Amie... Por supuesto que seguiré escribiendo.. Besos.

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