domingo, 1 de marzo de 2009

LAS DIOSAS NO SABEN SONREIR (Capitulo XIV - La Convalecencia)

Tal y como ella dijo desperté en una cama de Hospital, rodeado de gente con bata blanca. Al fin y al cabo no había cumplido su amenaza, lo que me daba un alivio. O quizás me lo reservaba para mas tarde, lo que me daba miedo.

- ¿Qué tal se encuentra?.

- Muy poco bien, me disponía a besar a la muerte cuando ustedes me han despertado.

- ¿Recuerda quién es usted?.

- Pues si, lo recuerdo perfectamente.

- Ha tenido usted suerte. Su coche no tanta, ha quedado inservible.

- Y aún debo dinero por él.

- Pues esa marca de coche viene muy preparada y le ha salvado a usted la vida. Bueno, eso y a que llevaba puesto el cinturón de seguridad.

- Mentira, solo me ha salvado ella, nada mas que ella.

- ¿A quién se refiere?.

- Nada..., a la suerte.

- Procure descansar otro poco, mientras nos vamos a comprobar de nuevo sus análisis por si tiene algo roto por ahí dentro.

- ¿Ya es de día?.

- Ya es por la tarde. Cuando le encontraron ya había amanecido y debía llevar usted muchas horas en el fondo de aquél barranco. Menos mal que no tuvo ninguna hemorragia.

- Si, menos mal.

- ¿Quiere que avisemos a alguien?, ¿A su familia?.

- No, a nadie, a nadie.

- Se lo digo porque lleva usted aquí unas ocho horas y como no nos pareció grave nos hicimos cargo de usted y la Policía cerró el caso.

- Gracias, pero no avisen a nadie. Quiero dormir otro poco, solo eso. No me encuentro bien pero, durmiendo seguro que me recupero.

- Bien, hasta luego. Enfermera, baje esa persiana y deje en penumbra esta habitación.

Y así me dejaron, hecho polvo, sobre una cama cualquiera. Si, realmente iba a pasarme unos días muy tranquilo, alejado de todos, pero a muy mal precio. Hasta cierto punto yo había calibrado a mi bella desconocida, pero estaba visto que debía irme con cuidado a partir de ahora. Menos mal que ella creía que no me leía mi pensamiento en algunas ocasiones y no pude por menos que reírme un poco. Era sencillísimo porque, en realidad, yo no pensaba en nada. Dejaba mi mente en blanco y ella no me podía leer nada y entonces ella intuía que yo pensaba algo que ella no podía leerme, que bien. Pero no me puedo estar toda la vida quedándome la mente en blanco. ¿Y ella?, ¿Dónde se habrá metido ahora?. Seguro que anda por aquí, acechándome y preparando algo para mi, o contra mi. Eso nunca se sabe con ella.

Poco a poco fui cerrando los ojos y una agradable somnolencia se apoderaba de mi. Al cabo de lo que yo creí pocas horas desperté adormilado aún y repasé la habitación con la vista. Era una habitación vulgar igual a todas las habitaciones de los Hospitales. A los pies de mi cama había una butaca y una persona sentada en ella. No la pude distinguir bien en la penumbra y supuse que era la Enfermera. Volví a dormirme de nuevo durante otras horas mas, sin pensar en nada, o al menos no me acuerdo si pensaba en algo.

- Despierte, despierte.

Entreabrí los ojos al oír la voz y me fui espabilando poco a poco. Empecé a notar que me dolía todo el cuerpo. Era la Enfermera la que me llamaba y noté mas luz en mi habitación.

- Vamos, despierte solo un poquito, es por su bien, tiene que tomarse estos calmantes si no quiere que le duela todo el cuerpo.

- Ya me duele todo el cuerpo.

- Pues tómese esto e intente dormir de nuevo.

- ¿Qué hora es?.

- Querrá decir que día es hoy. Lleva dos días enteros durmiendo.

- Tengo hambre y me parece que tan solo haya dormido unas pocas horas.

- Ya ha comido antes.

- No me he enterado.

- Son los efectos de los calmantes.

- Gracias por velar mis sueños.

- No hay por qué darlas, ha estado usted la mayor parte del tiempo solo.

- Pues yo he visto una mujer ahí sentada.

- Estaría soñando, nosotras no éramos.

- ¿Es que no me va a dejar en paz?.

- ¿Le estoy molestando?.

- Usted no, perdone, lo digo por ella.

- Debe descansar otro rato mas, le vendrá bien.

Pero noté algo incómoda a la Enfermera. Cuando salió de la habitación la esperaba otra compañera y la oí comentar:

- Te digo que otra vez me ha parecido que había alguien mas en la habitación. También él ha debido ver algo y me ha preguntado.

- Aquí pasa algo raro, lo sé.

Cuando noté que se habían alejado eché otro vistazo por la habitación, pero no parecía haber nadie allí.

- Sé que estás por aquí. Ya te ha debido ver todo el mundo.

- Lo sé Theo, casi me pilla unas cuantas veces la Enfermera.

- Te has propuesto vengarte y me vas a fastidiar mis días de descanso y mi nuevo libro.

- No, aquello ya pasó, no estoy enfadada y de ti depende el que no me vuelva a enfadar. Te recuperarás pronto y empezarás a escribir de nuevo. Son solo unos cuantos días mas aquí.

- Y mi coche a hacer puñetas.

- Eso solo es algo material, lo importante es que estás vivo.

- Ya, pero casi estoy todo roto por tu culpa.

- Fue un repente que tuve, lo siento.

La puerta se abrió de golpe y entraron la Enfermera y el Doctor. Se miraron nerviosamente.

- ¿Con quién hablaba?.

- Con nadie, estoy ensayando mi nuevo libro.

- Nos pareció que había alguien mas con usted y no son horas de visitas.

- Bueno Doctor, pues ya ve que estoy yo solito y bastante aburrido. ¿Qué tal esas pruebas?.

- Bastante bien. Dentro de pocos días se le irán los dolores por completo y podrá abandonar el Hospital. Afortunadamente no tiene lesiones internas y nada roto por ahí.

- Estoy ansioso por irme.

- Pronto, muy pronto, tenga paciencia. Nosotros nos vamos ya, procure descansar un poco mas.

- De acuerdo, me aburriré otro poco.

- Hasta luego. ¡Ah! Y siga ensayando, le sale muy bien la voz de mujer.

Cuando ambos se iban pude comprobar la irónica sonrisa del Doctor y la asustada mirada que la Enfermera me dirigió. Y como yo no quería hablar mas con nadie procuré dormir de nuevo. Pero en mi cabeza resonaban aun todas y cada una de sus palabras y me di cuenta de que ellos no eran tontos y algo habrían visto. En fin, que ya tenían algo sorprendente que contar a sus nietos.

Unos días después me dieron el alta en el Hospital. Por supuesto no me había aburrido porque mi bella desconocida me visitó unas cuantas veces y tuvimos largas y amenas charlas. El Doctor y la Enfermera casi nos pillan otras tantas veces y al irme, cuando salía, no pudieron reprimirse.

- ¿Quiere hacer el favor de firmar aquí?. Puro trámite, es su historial clínico.

- Por supuesto que si, deme un bolígrafo.

- ¿Ha ensayado bien su libro?.

- Bastante, ya va por buen camino.

- ¿Practica usted el espiritismo?.

- No, pero casi. Algo parecido. Lo que pasa es que a ella la da vergüenza que la vean otros.

- Ya comprendo.

- Ustedes que van a comprender. Nunca lo entenderían.

- Está bien, usted sabrá lo que hace.

- Adiós Doctor y gracias por todo.

- Tenga mas cuidado para la próxima vez.

- Descuide, procuraré que no haya una próxima vez, empiezo a odiar los coches.

Llamé un Taxi y me llevó a la Estación de trenes. Allí miré en un panel muy grande los horarios y encontré el que me venía bien y que me dejaba justo en el pueblo adonde me dirigía.

5 comentarios:

Susy dijo...

Impresionante..sigo enganchada..
Besitos dulces...

BIGARIATO dijo...

Gracias, guapa... Besos.

Đéja٧ù dijo...

Se va poniendo aún más interesante.
Un beso lindo
que andes bien

BIGARIATO dijo...

Ya quedan menos capitulos.... paciencia, ja ja ja. Besos.

Anónimo dijo...

Ola, what's up amigos? :)
I will be happy to receive some help at the start.
Thanks in advance and good luck! :)

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